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9 de febrero – Camino


“¡Bendito seas, David, hijo mío! respondió Saúl. Tú harás grandes cosas, y en todo triunfarás. Luego David siguió su camino, y Saúl regresó a su palacio.” 1 Samuel 26:25 (NVI)

David acababa de perdonarle la vida a Saúl en el desierto de Zif. Era un proscrito hostigado por la justicia. El rey Saúl estaba empecinado en matarlo. Lo había perseguido por todo el país y finalmente lo había acorralado en Zif. Mientras el campamento dormía durante la noche rodeando al rey Saúl, David se acercó, y en lugar de matarlo teniendo la posibilidad de hacerlo, prefirió perdonarle la vida.

Dicho de esta manera resulta casi intrascendente. Pero David ya sabía que iba a ser el futuro rey de Israel. Samuel ya lo había ungido y Dios lo había aprobado. Era sólo cuestión de tiempo. Saúl lo estaba persiguiendo sólo por envidia. David no había hecho nada malo. Había sido un siervo fiel a su rey, a pesar de que no ignoraba que iba a ser el próximo soberano. Pero los celos de Saúl lo llevaron a ensañarse con David y a querer matarlo.

Matar a Saúl no sólo hubiera sido únicamente el fin de un tiempo de suplicios, problemas y necesidades, también hubiera marcado el comienzo de su nueva posición como rey. Significaba cambiar totalmente una situación complicada, para transformarla en una ideal. Pasaba de ser reo a ser rey. Y David tenía esa posibilidad delante de su espada. Un solo movimiento bastaba para matar a Saúl y mejorar su vida.

Pero David no lo hizo. No mató al ungido de Dios. Le perdonó la vida a Saúl. El epílogo de este capítulo, es el texto de hoy. David siguió su camino y Saúl regresó a su lugar. Otra contraposición de vidas. David siguió su camino, siguió en movimiento, siguió progresando. Saúl volvió a su palacio, a su lugar, a estancarse en el mismo sitio. Su actitud de vida se ve reflejada en su destino.

David, el hombre que estaba alineado con Dios en su pensamiento y en sus acciones, continuó andando, mejorando, progresando, superando obstáculos. Saúl, el hombre alineado con sus caprichos y deseos, regresó a su palacio, para seguir mascando la envidia, enroscándose en sus pensamientos negativos y permaneciendo estancado, lejos de Dios.

Si tuvieras que tomar un personaje, ¿con cuál te identificarías más? ¿Quién representa tus actitudes de la última semana? Que Dios te dé la voluntad de David.

REFLEXIÓN – No te detengas.