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8 de Septiembre – Provoca

“El testigo falso y mentiroso y el que provoca peleas entre hermanos.” Proverbios 6:19

Provoca

Dice el Martín Fierro: Los hermanos sean unidos porque esa es la Ley primera. Tiene poco de cristiano, pero la máxima que nos deja en su frase más celebre es la misma que toma Salomón cuando escribe sobre la sabiduría.

Es innegable que haya peleas entre hermanos. Yo tengo dos, y cuando uno es chico, lo más seguro es que durante el día, no haya me día hora sin la típica discusión: Es mío, yo estaba primero, estaba viendo ese canal, es mi galletita, no uses mi remera, y tantas otras pequeñas discusiones que originaban la tercera guerra mundial dentro de casa. Estas peleas cotidianas son parte del folclore de cada hogar. Es cierto que seria mejor que no sucedan, pero forman parte de cada familia.

Pero no es de esto a lo que se refiere el sabio cuando nos deja este proverbio. Salomón nos cuenta cuales son las cosas que Dios detesta. Estaba pensando que para que Dios deteste algo, debe ser realmente grave y maligno.

Si lo pusiéramos en nuestra escala de valores, tal vez encabezaría la lista los que venden droga en los colegios, o los que abusan de menores, o los violadores, o los terroristas, o los asesinos seriales.

Pero sorprende ver cuales son las cosas que provocan el odio de Dios. La mentira, y el que provoca la pelea.

Pasa en todas las iglesias que siempre hay discusiones. No es posible que estemos todos de acuerdo. Pero a veces, aparecen esas personas que lo único que quieren es sembrar cizaña. El que trae y lleva los comentarios, el chusma, el que murmura, el pendenciero, el orgulloso, el canchero, el que se cree más que los otros, el peyorativo, el sarcástico, el que critica, el que tira la piedra y esconde la mano.

Personas que jamás van a reconocer el mal que hacen, porque se auto justifican. Pero Dios censura con dureza su actitud. Dios detesta al que provoca la pelea. Y para hacer enojar a Dios, hay que hacer las cosas muy mal.

Que no seas vos, quien provoque el enojo de Dios con tus comentarios o con tus reacciones. Revisa las últimas peleas y pensá quien las inicio y quien las continuó. No provoques la ira de Dios.

REFLEXIÓN – El provocador siempre provoca. Ojo a quien provocas.