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7 de febrero – Lucha

“Entonces Jacob luchó con el ángel hasta el amanecer.” Génesis 32:24 (RVR)

Jacob era un mentiroso profesional. Todo lo que había conseguido en su vida lo había obtenido a través de engaños. Había logrado el derecho a la primogenitura aprovechándose de la desesperación de su hermano Esaú. Había alcanzado la bendición de su padre disfrazándose y haciéndose pasar por Esaú. Ningún logro decente y honesto. Su vida era una mentira.

Por eso debió huir de su casa. La situación con su hermano había quedado extremadamente tensa. Pero después de largos años de ausencia tuvo que volver a su tierra con la familia que había formado en el exilio. En eso estaba, cuando una noche se le apareció el ángel de Jehová. Jacob, en ese momento, estaba solo. No tenía a quién pedirle ayuda. Es asombroso como Dios no desecha a nadie. Dios tuvo para este hombre grandes planes, a pesar de sus defectos.

Cuando Jacob se dio cuenta de que estaba frente al enviado de Dios le suplicó para obtener su bendición. Sería esa la primera vez que consiguiera algo decentemente, sin engaños, pidiendo las cosas de frente. Pero el ángel lo esquivó y trató de evitarlo, así que Jacob insistió, y cuando vio que su oportunidad se estaba diluyendo, en un acto desesperado, comenzó a luchar con el ángel.

Fue una lucha completamente desigual. ¿Qué posibilidades tenía un mortal limitado de vencer a un ser celestial que no sabía lo que era el cansancio? El ángel habrá pensado que le iba a ser fácil librarse de este mortal pedigüeño. Pero no fue así. Jacob luchó incansablemente por lograr la bendición. Con desesperación, con angustia, con agonía. Siempre volvía a levantarse, nunca se daba por vencido. A pesar de los golpes y las caídas, nuevamente se ponía de pie buscando ser bendecido.

Hasta que el tiempo del ángel se agotó. Debía regresar, pero Jacob no lo dejaba. Ese mortal lo había seguido reteniendo porque esperaba la bendición. Así que finalmente, después de luchar toda la noche, el ángel bendijo a Jacob y regresó al cielo. La bendición había quedado en la tierra.

¿Estás esperando de Dios algo que no estás recibiendo? ¿Querés tu bendición y no llega? Jacob nos dejó el ejemplo de la perseverancia y la lucha. Para algunos la bendición es muy sencilla de encontrar, pero para otros es muy difícil. Dios enseña de ambas maneras, y sin duda, es mucho más doloroso emplear el método de Jacob. Pero a veces es necesario.

Luchá por tu bendición. Está disponible, sólo tenés que tomarla. Vale la pena pelear por ella.

REFLEXIÓN – Lo que cuesta, vale.