6 de Noviembre – Elección

“…según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él.” Efesios 1:4

Elección

Hay una escena en una película que protagonizó Merryl Streep representando a una mujer judía en los días del nazismo en Europa. La escena muestra como los alemanes van cargando los trenes para llevar a los judíos a los campos de concentración. Ya todos sabían el destino de ese viaje. Todos sabían que al final de la vía, solo había sufrimiento, torturas y una muerte lenta y segura.

A esta muchacha, por ser rubia y de ojos celestes, un oficial alemán le ofrece cambiar de fila y tomar otro tren. Un tren a la libertad. Pero al momento de cambiar de fila, ve como a sus dos hijos, los llevan al otro tren. ¡Por favor, grita desesperada, no se lleven a mis hijos!

Entonces el oficial alemán, detiene la escena y le dice: Elegí uno.

Me resulta imposible suponer que habría hecho yo en ese momento. Elegir un hijo era salvar a uno y condenar a la muerte al otro. ¿A quien tendría que elegir? ¿Con qué parámetro habría que medir a los hijos para seleccionar a uno y descartar al otro? Es una elección imposible. No se podía salvar a ambos, la elección era obligada. Se destroza el corazón de pensar tener que condenar a uno para salvar al otro.

Dios también un día tuvo que elegir. Su Perfecta justicia necesitaba ser cumplida. La Ley que Él mismo había diseñado, demandaba muerte por pecado. Era necesario aplicar el castigo. Y en la Cruz del Calvario, Dios tuvo que elegir a quien salvar. Ese día Dios tuvo que decidir si te condenaba a vos o me condenaba a mi, o si evitaba que Cristo muriera en la cruz.

Era imposible salvar a ambos. Uno tenía que ser condenado. Pero en este caso, la balanza estaba inclinada con infinita claridad hacia el lado de Cristo. Él era perfecto, era Dios mismo, era Eterno. No había nada que pudiera objetársele. En el otro platillo estábamos vos y yo, con nuestra carga de pecados, con nuestro historial de desprecios, con nuestros olvidos y desplantes de Dios.

Y en una muestra absoluta de Amor Perfecto, Dios escogió salvarnos y condenar a Cristo. ¡No hay amor como el amor de Dios! ¡Glorioso Padre Celestial que nos ama, a pesar de lo que somos!

REFLEXIÓN – Fuiste elegido.