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6 de febrero – Escritura

“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?” Romanos 8:32 (NVI)

Compramos con Miriam una casa preciosa, y aún más hermoso es que la escritura tiene nuestros nombres. Somos los propietarios y nadie nos puede sacar eso. Es una gran fuente de seguridad y calma. En medio de esta terrible crisis financiera mundial, cuando todas las garantías económicas se desmoronan como casitas de naipes, tener la casa a nuestro nombre es tranquilizador.

Todo lo que nos pertenece nos proporciona tranquilidad y seguridad. No podemos tener la escritura de todas las cosas que poseemos, pero igual nos pertenecen. Y por este motivo nos generan una sensación agradable y placentera: la de ser dueño, lo que nos permite usarlas según nuestro criterio y deseo. Son nuestras cosas, y podemos disfrutarlas sin pedirle permiso a nadie. Puedo pintar mi casa o hacerle las modificaciones que desee cuando yo quiera, porque tengo la escritura que certifica que es de mi propiedad. Eso me da derechos.

Pablo nos deja en este texto, la escritura del derecho más importante de la historia de la humanidad. ¿Cuál es el bien más costoso del mundo? ¿Qué cosa pensás que es la más valiosa de todas las riquezas de la tierra? Pablo lo resume en pocas palabras. La vida del Señor Jesús es el bien más precioso de toda la eternidad. ¿Cuánto vale su vida? No se puede estimar. Es de un valor incalculable, porque es único. No hay otra versión de Jesucristo. Es único y especial. Por eso es tan valioso.

¿Cuánto valés vos? ¿Cuánto pedirían de rescate si te secuestraran? ¿Si tuvieran que hacer un intercambio de rehenes, por quién te podrían cambiar? Me maravilla el amor de Dios que, por salvarnos, intercambió la muerte de Jesucristo por tu vida y por la mía. Una vida que de tan cara que era no podía fijarse su precio, por otra vida que no valía casi nada.

Si Dios estuvo dispuesto a pagar un precio tan alto por vos, es porque para Él sos extremadamente importante y valioso. Y si dio a Jesucristo para rescatarte, ¿cómo no te va a dar lo que necesites? Dios no agota su amor en un solo acto. Su amor no tiene límites. Pensá que sos un hijo de Dios. Tenés tu escritura que lo certifica.

REFLEXIÓN – Sos el heredero de Dios, está garantizado.