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6 de Diciembre – Gracia

“No desecho la gracia de Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano.” Gálatas 2:22

Gracia

Cuenta un hombre que estaba en un camino rural haciendo señas para que alguien pare y me lleve a su destino. Se detuvo un lugareño que dijo conocer un atajo para llegar más rápido a ese lugar. Dejaron la carretera y se metieron por un camino alternativo y pantanoso. Al poco tiempo de andar, el coche quedó empantanado. El hombre contó: Me bajé para empujar pero fue inútil. No había manera de moverlo. Lamente mucho tener que dejarlo, pero tenía que llegar a mi destino con urgencia. Así que lo salude y volví a la carretera principal, dejando solo al lugareño con el coche empantanado en medio del barro.

Un tiempo más tarde, íbamos con unos amigos en el auto atravesando un camino fangoso. En un momento, el auto quedó atascado en el barro. Bajamos y tratamos de empujar, pero fue inútil. El auto no se movía. Pero en esa ocasión, no abandoné el lugar. Estaba comprometido con mis amigos, había un sentimiento muy fuerte que nos unía. Así que me quedé con ellos hasta que finalmente llegó el remolque y sacamos el auto.

Este hombre comparaba esta situación con la actitud de Jesucristo para con nosotros. Cristo es todo amor. Y jamás nos abandona aun cuando nos apartemos de su camino y nos quedemos empantanados en el barro de nuestros errores y pecados. Podemos tomar el peor de los caminos para alejarnos de Su Persona, pero Él jamás nos abandona.

¿Cómo podría dejar de amarnos Cristo? Si nos amó con su perfecto y divino amor cuando nos vino a buscar para salvarnos, ¿cómo va a abandonarnos por elegir un camino equivocado e intencionalmente, embarrarnos en el barro de nuestras equivocaciones? La Gracia de Dios hace esto. No hace falta hacer nada para merecer el amor de Cristo. Ya lo tenemos, porque Cristo lo entrega sin pedir nada a cambio.

Esto no es una puerta abierta al pecado. Todo lo contrario. Es el aliento y el sostén para no caer en la trampa del diablo, de hacernos creer que porque pecamos, no merecemos el amor de Dios; que porque equivocamos el camino, solo nos espera juicio y castigo.

No hay nada que podamos hacer para ganar el amor. Y no hace falta. Ya lo tenemos. Esa es la grandeza de la Gracia.

REFLEXIÓN – Disfrutá la Gracia, no te embarres.