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5 de Diciembre- Cura

“Después de haber orado Job por sus amigos, el SEÑOR lo hizo prosperar de nuevo y le dio dos veces más de lo que antes tenía.” Job 42:10

Cura

¡Qué difícil la situación de Job!

Estaba en el peor momento de su vida. Había perdido todos sus bienes, estaba quebrado y sin un centavo, el mismo día habían muerto todos sus hijos y un día más tarde se había contagiado con una enfermedad terrible en la piel que no le daba descanso.

Y en medio de la más desesperante angustia, recibe la visita de cuatro amigos. Job seguramente esperaba un abrazo cariñoso, una palabra de aliento. Y en lugar de eso, solo recibió críticas, acusaciones, indiferencia, dureza y agresión verbal. Mirado a la distancia, los amigos de Job eran cualquier cosa, menos amigos. Se creían con el derecho de juzgar a Job y acusarlo por sus pecados. ¡Como si ellos fueran más santos!

Muchos actúan de esa manera, se ponen en el papel de jueces de las actitudes, pensamientos y actos de los otros y se creen con el derecho a señalar. Hay muchos amigos de Job en cada pueblo. Personas que se creen más santas que los demás, individuos que se creen mejores que el resto, y por ello, se autoentregan el derecho de ser juez de los demás.

Son personas despreciables, religiosos hipócritas, jueces muy justos que en sus juicios se condenaban a si mismos. Hombres sin piedad, ni amor que aplicaban la ley para otros, sin conocer la esencia de Dios y su Gracia. Acusaron a Job sin saber, hicieron todo un alegato de sus pecados que eran la causa de todos sus males. Pero estaban equivocados.

Eso generó el enojo de Dios con estas personas supuestamente tan religiosas. Así que tuvieron que ofrecer sacrificios y esperar que Job orara por ellos para que Dios los perdonara. El relato cuenta que fueron con Job, y ofrecieron sacrificios, pero no que le pidieron disculpas por todas las palabras que le dijeron. No sabemos que pasó en ese encuentro. Pero seguramente habría mucho dolor y desconcierto en el corazón de Job por lo que habían dicho sus supuestos amigos.

A pesar de eso, Job oró por ellos y Dios le recompensó. Grandeza de Job al perdonar, sin que le pidieran perdón. Grandeza de Dios de recompensar a un hombre fiel que sufrió mucho injustamente.

REFLEXIÓN – El perdón cura el alma de quien lo da.