4 de Noviembre – Da

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.” Juan 15:5

Da

Palestina tenía muchos árboles hermosos que podían haber servido de enseñanza.tenía los olivos de donde extraían el aceite, los robles que daban sombra, las higueras que daban su frescura a todo caminante. Por eso llama la atención que Jesucristo haya tomado este árbol para enseñarnos esto.

La madera de la vid no sirve para nada. Es un tronco fino, retorcido, de mala madera, que no se puede tallar, no sirve para muebles, es inútil. Solo sirve para sostener el pámpano para que de fruto.

No hay virtud del pámpano en esto. El pámpano solo jamás podría dar nada, ni hoja ni fruto. Es por la vida de la savia y su poder que puede dar frutos. En unión a la vida de la vid es que el pámpano puede hacer lo que los pámpanos no pueden hacer.

Jesucristo nos dejó este ejemplo maravilloso para enseñarnos algunas verdades preciosas. En primer lugar, que solos no servimos para nada. No tenemos la capacidad para producir frutos por nuestros propios medios. Es únicamente bajo la influencia de la Vida que Cristo nos da, que podemos ser rendidores. Solo con la savia de Cristo podemos llevar fruto.

La vid además, es el árbol que más frutos da. Y eso es lo que espera Dios de nosotros. Se espera que una vid no de fruto, sino que de mucho fruto. No alcanza con que de algunas uvas, tiene que dar muchas uvas. Así también, Dios espera de tu vida, que des mucho fruto. Que sea notoria la influencia de Jesucristo en tu vida, que todos puedan ver los racimos de frutos que tu vida genera.

Para esto, a veces, Dios deberá podar el árbol de tu vida y utilizar la tijera de las pruebas, para purificar tu alma, y eliminar las impurezas. No es un momento grato la poda, pero es necesaria. Es justamente en estos momentos, cuando más cerca tenemos que estar de Cristo. Parece que las dificultades, nos hacer alejarnos de Dios, cuando en realidad, lo que Él espera que al podar tu vida, el dolor de ese momento te acerque más a Su Presencia.

Dios jamás quiere tu mal. El Labrador de la Eternidad, desea llegar al huerto de tu vida, y ver tu pámpano lleno de frutos.

REFLEXION – Dale, da.