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4 de Julio – Cantorodado

“Mas antes, oh hombre, ¿quien eres tu, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formo: ¿Por que me has hecho así?” Romanos 9:20

Cantorodado

En esta ciudad con tantos edificios y rascacielos, es normal ver obras en construcción. Hay cosas que no pueden faltar en estas obras. Cemento, arena, cal y cantorodado. Cuando era chico, me encantaba buscar esas piedras redonditas y lindas. Cada vez que pasaba por una obra en construcción, me llevaba alguna. Había tantos millones de cantorodados, que nadie se daba cuenta que me había llevado uno.

Estaba leyendo este pasaje, y me vino a la mente esa imagen de la niñez, cuando sacando una piedra de la obra, podia ver como los obreros tiraban de a baldes las piedras dentro de la mezcladora. Toneladas de piedras, cemento y arena para construir un edificio.

Resulta inimaginable que una de estas piedras le diga al obrero: Ojo, no me tires fuerte, deposítame despacito. Y no me dejes abajo, que me van a aplastar. Mejor poneme arriba de todo. Cal no que me arruina la piel, mejor pone más arena.

Ningun obrero de la construcción se detendría en su trabajo si alguna piedrita le diría esto. Son demasiada poca cosa para ellos. Son como el barro en las manos del alfarero. Son materiales que no pueden elegir su destino. Dependen de quien los maneja. No cuestionan al obrero o al alfarero por lo que hacen, simplemente, se limitan a dejarse moldear.

Pablo usa esta misma idea para hablar de tu vida y de Dios. Para Dios somos como esa piedrita o como ese pedazo de barro. Comparados con El, somos nada. Dios tiene todo el poder y es dueño de la Eternidad. Él tiene una idea para nuestra vida y un propósito para nosotros. Pero a veces no queremos hacerle caso.

Nos creemos con el derecho de decirle a Dios que se esta equivocando de plan y que las cosas deberían ser distintas. Somos como el barro diciéndole al alfarero como hacer las cosas. Y como es obvio, nos equivocamos.

Hoy Pablo nos invita a reconocer nuestras limitaciones y a ubicarnos. Para reconocer que Dios es infinitamente más sabio que nosotros, y su manera de hacer las cosas siempre es la mejor. No pongas palos en la rueda. Viví el plan de Dios.

REFLEXIÓN – No seas una piedra en el camino de Dios.