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4 de febrero – Propósito

“El Señor cumplirá en mí su propósito. Tu gran amor, Señor, perdura para siempre; ¡no abandones la obra de tus manos!” Salmo 138:8 (NVI)

No todos los días son buenos, por lo general, nuestro estado de ánimo depende de las circunstancias que nos rodean. Con tanta crisis y caos mundial, no hay demasiados motivos para estar contentos. Pero la situación actual es transitoria; complica, entristece, pero superarla es más sencillo cuando se sabe que es temporal.

El problema se agrava si la condición es permanente: Una enfermedad incurable, la muerte de un ser querido, una quiebra, la amputación de un miembro, son situaciones extremadamente traumáticas y conflictivas, que nos compelen a entender que no tienen probabilidades de mejorar. Como mucho se mantienen igual, pero también es posible que empeoren.

Frente a este tipo de sucesos, el dolor es más intenso y penetrante, y cuesta ver el amor de Dios en medio de la angustia cotidiana. Difícilmente alguien pueda entender este sentimiento si nunca ha pasado por una vicisitud semejante. Sólo aquellos que vivimos el dolor acuciante de un padecimiento persistente podemos llegar a imaginar la tristeza de otro en una situación similar.

Frente a este futuro oscuro y sin esperanza, David vuelve a sorprendernos con este texto lleno de aliento y sostén. Dios cumplirá su propósito en mí. Y porque su amor perdura para siempre, se aplica también para mi vida particular. ¿Puede ser el propósito de Dios que un niño tenga parálisis cerebral? ¿Cuál es el propósito divino en una situación tan extrema y dolorosa?

Seguramente, Dios me va a responder estas y otras tantas preguntas cuando lo vea personalmente en el cielo, pero para mi conflicto cotidiano, Él me ha dejado este texto precioso. Aun en este caso tan angustiante, Dios va a cumplir su plan de amor en mi vida. Será un plan muy doloroso y lleno de lágrimas, pero Dios sabe por qué. Será un plan que muchas veces no entienda y otras tantas cuestione, pero Dios sabe por qué.

Me aferro, con la desesperación de un náufrago que se aferra al salvavidas en el océano, a la verdad eterna de que el amor de Dios perdura para siempre. Y porque Dios me ama, desea lo mejor para mi y para mi vida. Aunque no entienda la parálisis cerebral de Juampi, es parte del plan de Dios para mi vida. Si el amor de Dios permite eso, por algo será.

REFLEXIÓN – Dios tiene un plan de amor para tu vida.