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4 de Diciembre – Deslumbra

“…y dejaron en seguida la barca y a su padre, y lo siguieron.” Mateo 4:22

Deslumbra

Pedro y los demás estaban trabajando, no era un trabajo liviano, pero estaban acostumbrados. Tenían una empresa pesquera. Para su época era una PyME de importancia. Tenían varias barcas y personal trabajando para ellos. Tenían una vida tranquila y segura. Trabajo y comida todos los días, estabilidad, prosperidad. Tenían un buen pasar. No hacía falta cambiar, estaban bien.

Estos hombres de Palestina habían estado escuchando a Juan el Bautista hablar del Mesías que iba a venir. Y sus corazones se encendieron, finalmente la Promesa de Dios se iba a cumplir. Después de tantos años de silencio divino, finalmente iba a aparecer el Mesías. De repente su rutina cambió. Ahora querían escuchar las noticias. Y finalmente, el Mesías apareció. Juan lo señaló el día de su bautismo.

Cada uno tendría su imagen del Mesías. Alto, musculoso, enérgico, seguro, firme. Por eso cuando lo vieron, tal vez se desencantaron. Jesucristo no parecía alguien muy especial. Era como los demás, no había nada espectacular en Él. Sin embargo, Cristo seducía. No por su figura física, sino por su esencia. Firme pero suave, justo pero amoroso, santo pero comprendiendo al pecador, poderoso pero atento, y cada palabra suya era una delicia.

Al poco tiempo de comenzar su ministerio público, pasa por al lado de las barcas y los llama. Los convoca seguirlo, sin fecha de retorno, sin seguro de vida, sin obra social, sin cuentas bancarias, sin programa turístico, sin reservas de hoteles, sin calendario evangelístico, Cristo simplemente los llamó para que lo acompañen.

Y estos hombres simples, de vidas rutinarias y seguras, dejándolo todo, lo siguieron. No se tardaron en responder, lo hicieron en seguida. No lo pensaron demasiado. Estaban convencidos de lo que querían hacer y lo hicieron. Ellos querían seguir a Jesús. Querían ser sus discípulos.

Un día aparece Jesucristo y dejan todo ¿por qué? Seguramente, porque estos pescadores sin estudios encontraron que Cristo es más que una religión, que ser discípulo de Jesucristo es más que cumplir con las normas y ritos del culto dominical, que tratar de esforzarse en ser mejores y cumplir con todas las reglas. Ellos descubrieron a la gloriosa persona de Jesucristo antes que a una religión. Por eso estuvieron dispuestos a dejarlo todo por seguirlo. Había fascinación por Jesús, porque Él deslumbra.

REFLEXIÓN – Vos hoy, ¿lo seguirías?