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29 de Diciembre – Respeto

Invócame en el día de la angustia, te libraré y tú me honrarás.” Salmos 50:15 (RVR)

Respeto

Toda acción tiene su consecuencia. Si como, calmo el hambre. La Biblia lo garantiza con la regla de la siembra y la cosecha. Todo lo que se siembra, eso se cosecha. Nadie planta trigo para cosechar girasoles. De la misma manera, cada acción de nuestra vida tiene su consecuencia.

El mismo principio aplica Dios para sus respuestas. Aunque Él conoce a la perfección nuestro problema, primero desea que le pidamos. Dios nunca va a responder antes que le pidamos. Creo que nadie deja de orar cuando está angustiado. Es una reacción natural. Cuando tenemos problemas y las cosas no salen bien, recurrimos a la oración y le rogamos a Dios su ayuda y solución para nuestro problema. A mayor problema, mayor es la cantidad de veces que oramos.

La respuesta de Dios siempre es la mejor, aunque no nos guste. A veces Dios responde rápido y soluciona el problema. Otras veces nos hace esperar para enseñarnos algo. A veces dice que no a lo que le pedimos.

Aunque la angustia sea mucha y estemos sufriendo por la situación que nos toca vivir, la respuesta de Dios siempre es la mejor opción porque la respuesta viene de Dios, y Él es amor. Aunque te sea muy difícil entender el por qué de tu duro momento, tenés que confiar en Dios. Él desea lo mejor para tu vida, aunque a veces para darte lo mejor, tiene que modificar ciertas cosas y esas modificaciones, muchas veces duelen.

La consecuencia de la respuesta de Dios, es el agradecimiento. Cuando recibimos lo que deseamos, lo más natural es agradecerle a Dios, y la manera lógica es honrarle. Darle honra a Dios es obedecerle y ser un buen cristiano.  Acá es donde rompemos a veces la regla de acción y reacción porque muchas veces nos olvidamos de honrar a Dios.

A pesar de haber recibido lo que deseábamos, o porque no recibimos lo que esperábamos, nuestra vida deja mucho que desear. Nuestra conducta, en lugar de dar honra a Dios, lo avergüenza. Por olvido o por bronca, o porque no tenemos ganas actuamos como Dios no quiere, y dejamos de honrarlo. Dios responde porque nos ama. Deberíamos amarlo, para honrarle.

REFLEXIÓN – La consecuencia del amor es el respeto.