Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Google+

25 de Diciembre – Nacimiento

“Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.” Lucas 1:31 (NVI)

Nacimiento

El nacimiento de Jesús es asombroso. Habrá sido muy difícil para María vivir ese embarazo tan extraño, en medio de una sociedad que censuraba y criticaba todo. La panza crecía cada día y las miradas se hacían más duras.

No sabemos nada de lo que pensó María esos 9 meses, pero es casi seguro que la criticaron, discriminaron, la hicieron a un lado y la dejaron sola. Era una madre soltera, había sido infiel a su prometido. Era una vergüenza para el pueblo.

Nadie le creía que su embarazo había sido concebido por el Espíritu Santo. Eso sonaba a mentira. Sus compañeras le preguntaban por el padre de la criatura, y ella volvía a decir una verdad alucinante. Era concebido por el Espíritu Santo.

En su vientre estaba creciendo el ser más maravilloso del universo: Cristo, el Salvador del mundo. Eso fue suficiente para soportar cualquier problema. Todo lo que se dice de María es que atesoraba lo que pasaba en su corazón. Dejó de lado todo el sarcasmo, la crítica, las miradas ofensivas y los insultos. Solo guardaba las cosas hermosas, sabía que lo que le estaba sucediendo era algo único y maravilloso.

No hubo ni habrá otra mujer como María. Para nosotros también Cristo un día nació y cuando le aceptamos como Salvador, vino a morar en nuestras vidas. Nosotros también, como María, llevamos a Cristo a todos lados.

Sube con nosotros al colectivo, viene al colegio o al trabajo, se sienta a ver televisión con nosotros, estudia con nosotros, se divierte con nosotros. Es nuestra compañía permanente.

Celebrar el nacimiento de Jesús en Belén es importante, pero mucho más importante es recordar que cada día mora en nosotros. Cuando nació en Belén tuvo que estar entre animales y suciedad, con olores nauseabundos. Cuando pecamos y manchamos la vida con cosas que a Él le desagradan, lo estamos invitando a morar en un lugar peor que ese establo sucio de Belén. Un corazón sucio de pecado, es una ofensa para Él. Cristo merece el mejor de los lugares porque Él es digno de lo mejor.

Que cada día podamos darle a Jesús el mejor lugar para morar. Un corazón limpio y santo.

REFLEXIÓN – Sin pecado el establo es un palacio.