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23 de Diciembre – Felicidad

“Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía y guardan las cosas que en ella están escritas, porque el tiempo está cerca.” Apocalipsis 1:3 (RVR)

 Felicidad

La felicidad es un misterio. Cada uno tiene su propia fórmula y manera para conseguirla, pero casi nadie la obtiene. Las personas consiguen momentos pasajeros y efímeros de felicidad, pero ninguno puede obtener la felicidad duradera y constante.

Juan nos cuenta cuál es el secreto para conseguir la felicidad. Contra todos los pronósticos, Juan no habla de bienes materiales, ni de poder, ni de dinero, ni de posición social o económica. Para Dios, la felicidad está en cumplir tres verbos.

Leer. Dice Juan que son tres veces felices los que leen la Biblia. Este concepto es tan viejo como la Biblia misma, pero seguimos sin cumplirlo. Nueve de cada diez jóvenes no tienen su devocional diario, y son aún menos los que se dedican al estudio sistemático de la Biblia. La televisión, Internet, los amigos, el estudio, las obligaciones, el cansancio o cientos de otras excusas, evitan que a diario abramos la Biblia y leamos sus consejos.

Escuchar. No es solo leer y estudiar, también debemos escuchar de la Biblia para conseguir la felicidad y el mejor lugar para ello es la iglesia. Muchas veces nos resistimos a escuchar por diversas razones. El que habla no tiene autoridad o no nos gusta la manera que dice las cosas, o pienso distinto, o no tengo ganas, o no estoy en espíritu. Cientos de motivos que cierran los oídos y no me dejan escuchar. No importa quién hable, es necesario que aprendamos a escuchar. Siempre se puede aprender algo, pero debemos saber escuchar.

Guardar. No alcanza con leer y escuchar, es necesario guardar. No es solamente esconder algo, sino cuidarlo para ponerlo en práctica. Hay quienes se cuidan mucho de estudiar y aprender de la Biblia todos sus sanos consejos, pero nunca los ponen en práctica. Tienen todo el conocimiento guardado, y nunca lo usan.

Para ser feliz, dice Juan, es necesario aprender lo que dice la Biblia y ponerlo en práctica, sin seleccionar la enseñanza ni acomodarla a nuestra conveniencia. Si tomás toda la Escritura y la aplicás a tu vida cotidiana, la felicidad está garantizada. Dios no es hombre para que mienta.

REFLEXIÓN – Tu felicidad depende de vos.