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17 de marzo – Involucrar

“Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras.” Hebreos 10:24 (V. Dios habla hoy)

Hace ya mucho tiempo que en Argentina se popularizó el refrán “Mejor no te metas”, proponiendo la indiferencia ante los temas de otros. El objetivo de esta sentencia era proteger al individuo de los riesgos que implicaba el involucrarse en un asunto con terceros del que podría salir perjudicado. Si viajando, veías un auto parado en la banquina y te detenías a ayudar, era común que el conductor del supuesto auto averiado te robara. Era todo una simulación para hacerte detener y asaltarte.

Como respuesta a la repetición de estos actos, comenzó a popularizarse el refrán y su consecuencia es que hoy vivimos en una casi completa indiferencia. Con el incremento de la violencia, los secuestros y los robos estamos cada vez más paranoicos con esta cuestión y en lugar de pensar si nos detenemos para ayudar o seguimos de largo, aceleramos para pasar lo más rápido posible. “No te metas”, puede ser peligroso.

En esta cultura de la indiferencia, hay algunos que sufren la no ayuda. Personas que tienen un problema real y que no son asistidos por miedo. Pero este problema no es propio del siglo XXI, existe desde comienzos de la humanidad. El ser humano es muy egoísta e individualista, sólo mira su beneficio personal. Por eso, el autor del libro nos deja este mandamiento que es la contrapartida del famoso refrán. Dios nos manda a preocuparnos por el otro.

El cristianismo tuvo siempre esta gracia. Dios concibió la Iglesia como una familia, como un cuerpo, como un organismo integrado que interactúa. Y basa Su idea en el compromiso que debemos tener de ocuparnos los unos por los otros, en mostrar interés por el otro, en evitar vivir como islas. ¿cómo puede ser posible que saludemos a los compañeros del trabajo por su cumpleaños y nos olvidemos de los hermanos de la iglesia? Fijate en tu facebook, a ver cuántos amigos tenés que sean cristianos y cuantos que no lo son.

Pero Dios llega más lejos, y nos pide no sólo que nos involucremos con el otro, sino que además nos brinda un objetivo o meta: Debemos preocuparnos por él, para estimularlo al amor y a las buenas obras. Nuestro interés no es solamente por sus gustos musicales o para divertirnos juntos. Debemos adquirir un compromiso para ayudarlo a crecer en la Gracia de Dios y para fortalecer su vida espiritual.

REFLEXIÓN – Elegí tu compromiso positivo.