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16 de Septiembre – Favoritismo

“El que hace el mal pagará por su propia maldad, y en esto no hay favoritismos.” Colosenses 3:25

Favoritismo

No hay manera de evitar las consecuencias de nuestras decisiones. A veces creemos que podemos evitarlas pero es imposible. Siempre nos alcanzan. Podes disimular en el trabajo y hacer que trabajas mucho, pero a la corta o a la larga, la eficiencia de tu desempeño sale a la luz. No se puede ocultar.

Hay criminales que creen que están exentos de las culpas y que la justicia nunca los va a condenar. Hace poco, condenaron a un pedófilo en Argentina a 18 años de cárcel. Parece poca condena para un criminal que cometió tantos actos denigrantes. Pero finalmente, la justicia de Córdoba condeno al culpable. Hubo alegría al escucharse el fallo, porque se considero que era justo. La ciudadanía quería una pena ejemplar.

Pero muchas veces vemos como la justicia actua con preferencias, y muchas veces, es subjetiva al momento de juzgar. No siempre los culpables van presos, y algunas veces, los inocentes son encarcelados. Las penas se juzgan según la cantidad de dinero o influencias que tenga el reo. La justicia esta enviciada por la subjetividad y el favoritismo.

Pablo conocía muy bien esta ley de recompensas, y de lo sencillo que era coimear un juez en el imperio romano y evitar el castigo. Para los ciudadanos comunes se aplica con dureza toda la exigencia de la ley, pero para los políticos, los amigos de turno, los que tiene influencias, los que tiene dinero, o los parientes de algún acomodado, se puede ser más flexible.

Hoy pasa algo similar en la justicia argentina. Creemos que podemos acomodar la condena a nuestra conveniencia por ser amigos de algún magistrado. El favoritismo quitó la venda de los ojos de la justicia e inclina la balanza a quien más le conviene.

Pero con Dios no es así. Dios es incorruptible, y no aplica su Justicia con favoritismos. A tal punto es justo que para salvarte a vos y a mí, estuvo de acuerdo que Jesucristo sufriera el castigo por nuestros pecados. Castigo a su propio Hijo para satisfacer su justicia y así salvarnos.

Por eso Pablo nos recuerda que la Justicia de Dios es perfecta. No hay arreglo posible delante de Su Trono. Dios va a dar a cada uno lo que le corresponde.

REFLEXIÓN – Tus obras tienen consecuencias.