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15 de Septiembre – Falla

 

“Todos fallamos mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta, capaz también de controlar todo su cuerpo.” Santiago 3:2

Falla

La perfección no existe. Sin embargo es una búsqueda permanente. Se busca siempre a la modelo perfecta. Se establecen medidas imposibles de perfección que llevan a las chicas a la anorexia. Buscamos lo imposible

Pero cuando estamos solos, sabemos que no hay nadie perfecto. Que nadie puede cumplir con esos estándares inalcanzables. Y que esa imperfección externa, es consecuencia de nuestra imperfección interna.

Santiago nos revela la razón por la cual, ninguno puede llegar a ser perfecto. Y es porque todos tenemos una falla. Cada uno de nosotros tiene un problema que se llama pecado. Muchos ya encontramos en Jesús el antídoto, pero seguimos siendo portadores del mal. Otros siguen enfermos, condenados y su fin es la muerte. Pero esa falla, que la Biblia llama pecado es lo que provoca la imperfección en la vida.

Y la manifestación más visible de esa falla, es siempre la lengua. Dice un viejo dicho: El pez por la boca muere. Porque al morder el anzuelo, lo sacan del agua. El ser humano es igual. Nos condena lo que decimos.

Porque tenemos la capacidad de hablar y lastimar. Decimos las cosas de manera que hieren. Mentimos y no somos capaces de guardar un secreto. Hay lenguas que son como espadas, que siempre cortan y provocan heridas profundas que nunca cierran.

Dice Santiago, que el que nunca falla en lo que dice, ese es un ser perfecto. Quien siempre tiene el comentario justo, que lo que dice ayuda en lugar de destruir, que tiene la gracia de ser amable y comprensivo, que nunca censura con odio, que siempre alienta aunque este cansado.

Pensá cuantas veces felicitaste al que canto en la iglesia cuando lo hizo bien. Pero basta que se equivoque una vez para que lo critiquemos con dureza. Pensá cuantas veces le dijiste a tu esposa, a tu novio, a tu papa, a tu hermana que lo querés, que es importante para vos, que te hace bien estar cerca de el o de ella, muy pocas veces. Pero en la primera discusión familiar gritamos, insultamos y ofendemos sin pelos en la lengua.

Es tiempo de buscar la perfección, es tiempo de cuidar como hablamos. Es tiempo de amar.

REFLEXIÓN – Que tus palabras sean mejor que el silencio.