Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Google+

12 de febrero – Agua

“Y los sirvientes del templo que habitaban en Ofel hicieron reparaciones hasta el frente de la puerta de las Aguas, hacia el oriente y hasta la torre sobresaliente.” Nehemías 3:26 (RVR)

La puerta de las Aguas de la muralla de Jerusalén fue restaurada. Era una puerta que simbolizaba al Espíritu de Dios. Tal vez para muchos viajeros no tenía otra importancia que la de un portón más de acceso a la ciudad, pero para el pueblo de Dios era el símbolo de Su presencia. Hay tres pasajes clásicos que hablan del agua y que actualmente pueden representar situaciones distintas de la de esta puerta que reparó Nehemías.

El primer pasaje habla del ciervo que brama de sed. La falta de agua. No era culpa del ciervo que hubiera sequía en la zona. Pero sí es nuestra culpa la falta de comunión con el Espíritu de Dios por causa de nuestro pecado. A veces esta sequía es la consecuencia de nuestras malas decisiones. No podemos echar al Espíritu Santo de nuestra vida, pero podemos impedir su influencia bendita apagando su efectividad con nuestro pecado.

El segundo pasaje habla de Jonás, cuando fue arrojado al mar. El agua de la desobediencia. Este profeta testarudo recibió el justo castigo por su pecado. Abiertamente había elegido llevarle la contra a Dios pensando que su opinión del tema era mejor que la de Dios. El mar fue el castigo pero también la restitución. Dios hoy, por su gracia, no castiga como antes el pecado. Pero tampoco nos libra de las consecuencias de nuestras malas decisiones. No te creas más sabio que Dios. Él sabe por qué te pide lo que pide.

Finalmente, el tercer pasaje nos habla de la boda de Caná de Galilea. El agua de la alegría. La abundancia y la gracia de Dios supliendo una necesidad y modificando una circunstancia que podría haber contribuido a que la fiesta terminara con un sabor amargo. Este hecho es la evidencia de la plenitud de Dios. Él nos ofrece una vida abundante y satisfactoria, una vida plena. Hay fiesta con Jesús, pero solamente si seguimos sus indicaciones. Si los hombres no las hubieran acatado (aunque les pareciera ridículo lo que se les pedía) no hubiera habido el cambio del agua en vino.

Hoy Jesucristo te ofrece lo mismo. Te invita a que elimines la sed de tu vida teniendo completa comunión con Su Espíritu, que vivas con la plenitud de Dios en tu ser, que permitas que en tu interior corra un río de Agua viva.

REFLEXIÓN – Repará tu puerta de las Aguas.