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12 de Agosto – Presencia

“El arca de Dios fue llevada a la tienda de campaña que David le había preparado. Allí la instalaron, y luego presentaron holocaustos y sacrificios de comunión en presencia de Dios.” 1 Crónica 16:1

Presencia

Durante muchos años, el arca no había estado en Israel. Desde que Moisés la construyera en el desierto, el arca había sido el símbolo de la presencia de Dios en el pueblo. Era un simple cuadrado de madera forrado en oro.

Pero ese pequeño cuadrado de madera era para el pueblo de Israel mucho más que su peso en oro. Era la presencia misma de Dios en medio de ellos. No había fuego ni truenos que salieran del arca, no había angeles volando sobre ella. Pero todos sabían lo que ella representaba.

Con el tiempo, lo que fue tan asombroso, pasó a ser rutina. Ya todos conocían el tema del arca y tenerla en medio del campamento, ya no resultaba tan impactante. Para muchos pasaba desapercibida, porque era comun tenerla. Pero un día, después de una derrota, los soldados y sacerdotes en su afán por salvar la vida, huyeron del campo de batalla.

Como el equipo de soldado era muy pesado, para correr más rápido, todos tiraban sus espadas, escudos, lanzas y corazas. Lo importante era salvar la vida. Dejaron todo atrás. Hasta el arca. La habían llevado al campo de batalla esperando que Dios les diera la victoria. Pero el Plan de Dios era otro. Y esos hombres la dejaron olvidada. Se olvidaron de Dios.

Años más tarde David la recupera y la lleva nuevamente a su ciudad. Prepara una gran tienda donde ponerla y una fiesta para celebrar el acontecimiento. Después de tantos años de estar sin la presencia de Dios, finalmente, recuperaban el arca. ¡Como no iban a estar contentos!

Hoy no tenemos un arca. Es nuestra vida, la carpa donde mora el Espíritu Santo en forma permanente. No hace falta tener el arca cerca de casa para disfrutar de la Presencia de Dios. Lo tenemos todos los días dentro de nosotros cada día.

Pero sufrimos el mal de los israelitas. La indiferencia. Indiferencia que mata.

Hoy David nos invita a volver a valorar la Presencia de Dios. Reencontrate con Dios que mora dentro tuyo, volvé a asombrarte por el milagro de compartir con Dios cada segundo de tu vida y que eso modifique tu actitud.

REFLEXIÓN – Viví la presencia de Dios en tu vida.