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11 de marzo – Paz

“Y el mismo Dios de paz, les de paz en toda circunstancias.” 2° Tesalonicenses 3:16 (NVI)

Desde la invasión de Israel a Gaza hemos estado viviendo días muy turbulentos. El miedo a algo peor amenaza en cada esquina. Acá, en Argentina, no hay guerra, pero cada vez observamos más inseguridad y violencia. En una ciudad de México renunció un funcionario amenazado por el narcotráfico: se habían matado a más de 6000 personas en el último año. Demasiada violencia, demasiada locura.

Para colmo, tenemos encima la terrible crisis financiera global que provoca recesión, falta de trabajo, intranquilidad, pérdidas de dinero, suspensiones, despidos. Demasiadas pérdidas. No hay cuerpo que aguante tanta presión. Una estadística realizada en los países desarrollados muestra que el incremento en el uso de ansiolíticos ha alcanzado un 40 %. Las personas viven alteradas, pierden el sueño, no descansan y necesitan de la ayuda de ciertas drogas para poder reposar.

Entonces, les recetan pastillas para dormir, pastillas para levantarse, pastillas para el mediodía y pastillas para olvidar las pastillas que están tomando. Angustia, estrés, depresión, violencia, soledad, desesperación, amenazas, temor, son los síntomas típicos de una sociedad que hoy anuncia a los cuatro vientos: “No tengo paz”.

Desde la convulsionada Palestina, donde la muerte está al acecho, hasta la cosmopolita Nueva York con la amenaza de la crisis financiera global, pasando ciudades menos famosas quizá, pero con tantos o más problemas que las primeras, la humanidad está padeciendo en la actualidad un mal terrible aparentemente sin solución: no tiene paz.

No es la ausencia de conflictos, aunque tan solo eso haría de un lugar un paraíso. Pero el hombre de hoy desea algo más: desea un espacio de satisfacción y de realización; un tiempo de armonía y de felicidad. El ser humano desea paz y Dios es el único que puede ofrecerla. Aún en este mundo de caos y descontrol, Dios es la única fuente de paz verdadera y durable.

Pablo se lo recordó a sus amigos de Tesalónica que la estaban pasando mal. Faltaba trabajo, padecían hambre, cárceles, persecución, exilios, muerte, y todo por predicar el evangelio. Parecía que Dios estaba muy lejos de sus problemas cotidianos. Pero Pablo les recordó que
Dios da Su paz en toda circunstancia.

¿Qué circunstancia estás viviendo? Para tu crisis de hoy, Dios es tu paz. Dios es tu refugio de seguridad y estabilidad. Dios no está lejos de tu problema, es parte de tu solución.

REFLEXIÓN – Elegí: la Paz de Dios, o el caos de siempre.