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11 de Junio – Constante

“Ya que has guardado mi mandato de ser constante, yo por mi parte te guardare de la hora de tentación, que vendrá sobre el mundo entero para poner a prueba a los que viven en la tierra.” Apocalipsis 3:10

Constante

El ser humano es por naturaleza inconstante. Pasamos de la alegría a la tristeza o de la paz al enojo en fracción de segundos. Nuestras relaciones personales están marcadas por este mal. Cambiamos de estado de ánimo. Por la razón que sea, es difícil poder mantenerse constante durante las 24 horas del día.

Este tema anímico se traslada a todas las actividades que realizamos. Y lo que comenzamos con muchas ganas, después de tres semanas, comienza a ser un peso y lo abandonamos. Comenzamos una dieta y la dejamos a la semana. Comenzamos a estudiar, y abandonamos antes del primer examen. Somos inconstantes por naturaleza.

Y lo más grave es que llevamos este mal hábito a nuestra relación espiritual con Dios. Nos manejamos dentro del Reino Celestial con los mismos vicios que lo hacemos en nuestra vida cotidiana. Y somos inconstantes con Dios. Un día estamos súper conectados con Dios y vivimos una vida impecable. Al día siguiente, nos olvidamos y nos embarramos en pecados comunes. Nos cuesta ser constante.

Por eso, alienta saber que Dios reconoció que hay algunos que logran serlo. Cristianos esforzados que trabajan cada día para mantenerse limpios delante de Dios. Y que reciben de nuestro Buen Padre Celestial, la recompensa por su dedicación.

Pero, ¿Como es que estas personas lograron algo tan difícil? No era super heroes, ni personas exentas de problemas. No Vivian escondidos de las tentaciones, ni estaban alienados. Eran personas comunes, como vos y yo, que viven, viajan en tren, comen todos los días, tenían amigos, salían y disfrutaban de la vida.

Pero su secreto para la constancia no estaba en las cosas que hacían, sino en su corazón. Tenían un sentimiento muy fuerte de amor hacia Jesucristo que los ayudaba a ser constantes. Ese era el filtro que tenian para no equivocarse. Y cuando tenian ganas de hacer algo que no estaba bien, recordaban que hacerlo iba a ofender a Dios, y no lo hacían.

Era un trabajo constante y cotidiano. Era una lucha diaria contra los malos deseos y las tentaciones, pero podían vencer, porque en su corazón, la pasión por Jesucristo pesaba más que sus deseos.

REFLEXIÓN – El amor te hace constante.