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11 de febrero – Lodo

“Me sacó de la fosa de la muerte, del lodo y del pantano; puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme.” Salmo 40:2 (NVI)

La ciudad de Tartagal, en Salta, sufrió hace unos años uno de los peores aludes de su historia. El río había desbordado y la ciudad se vio anegada por una ola de lodo. La situación se tornó crítica por los destrozos ocasionados. Muchos habían perdido todo. El barro desvastó no sólo sus casas, sino sus vidas. Únicamente quedaba el barro y la desolación. Las imágenes que mostraban los noticieros eran extremadamente duras.

Tan grave se volvió el suceso que la presidenta de la Nación visitó la zona del desastre personalmente. Fue extraño verla con los pantalones y los zapatos embarrados, siendo ayudada para no tropezar en medio de tanto lodo. Sin negar la importancia del apoyo que la presidenta brindó al momento de llegar, la realidad es que no alcanzó. Más allá de los discursos y las promesas de ayuda, el salteño que durmió entre el barro, sabía que su futuro era tan oscuro y denso como el lodo que le impedía caminar.

Luego llegó el peligro de las pestes, como consecuencia del alud. Por tal motivo, hubo alerta en Tartagal. El barro te cansa, te impide avanzar, te desgasta, te destruye y genera enfermedades contagiosas. Se llegó a suponer que podría haber muchas más muertes por este problema que por el alud que inundó la ciudad de barro.

David conocía situaciones como ésta. En su tiempo, una de las peores maneras de tratar a un preso era encerrarlo en un profundo hoyo en la tierra. No había lugar para acostarse. Sólo para quedarse parado. Allí debía esperar, sin comodidades, sin techo, sin abrigo. La lluvia lo mojaba y embarraba el piso. Enfermaba, agotaba, desquiciaba. El lodo mataba. Era una muerte lenta, patética y tristísima. Como la muerte que amenazó a Tartagal.

Frente a esta realidad incuestionable, David nos relata el milagro que hizo Dios cuando lo sacó del pozo de la muerte, del pantano de su vida, y lo puso en un lugar seco y seguro. Dios sigue teniendo ese poder, Dios quiere sacarte del pozo de tu desesperación, y ponerte sobre la Roca que es Jesucristo.

Dios quiere eliminar de tu vida todo el barro que te atrapa y te desgasta. Quiere liberarte de lo que te oprime y encarcela. Él quiere darte libertad.

REFLEXIÓN – Dios, o el barro de siempre.