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11 de enero – Poder


“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Filipenses 4:13 (NVI)

¡Qué frase increíble de Pablo! Es la frase de un hombre exitoso. Pablo poseía una fortuna que lo respaldaba, contaba con poder de decisión, manejaba su vida y tenía influencias. Todo esto es lo primero que nos viene a la mente al pensar en alguien exitoso. Sin embargo, para poder entenderla en toda su magnitud hay que revisar el contexto.

Pablo escribió esta carta a los filipenses encerrado en una cárcel. Quizá para uno, que nunca estuvo en una prisión, esto sea sólo un dato, pero es un lugar terrible. Hay soledad, angustia, golpes, encierro, mala comida, miedos, oscuridad, peligros, represión, tristeza.

Peor aún eran las cárceles romanas, donde no había ventilación ni baños y los presos eran golpeados regularmente. Además, no había ningún defensor de los derechos humanos que hiciera una investigación para ver cómo trataban a los presos. Los que eran encarcelados estaban a merced del capitán de la guardia de la cárcel.

Para colmo, Pablo estaba encerrado por predicar el evangelio. No había cometido ningún delito, no era culpable de nada. Y en lugar de resentimiento y bronca por la situación que estaba sufriendo (y tenía motivos para tener bronca), Pablo derramó un canto de triunfo, de éxito, de aliento. No se escuchó de él ninguna queja o problema, siempre estuvo por encima de las circunstancias.

Pablo no era un extraterrestre o un superdotado al que nada le afectaba. No era un demente que no tenía conciencia de la realidad. No era un ser sin sentimientos. Sufría, lloraba, se preocupaba, se dolía y se angustiaba igual que nosotros. Pero había algo que lo hacía ser distinto. Él podía decir que siempre tenía la victoria en Cristo. Es muy raro el concepto de victoria de Pablo, porque cuesta entender que alguien encerrado en una cárcel, sucio, marginado, golpeado, sin libertad y censurado, sea la imagen del triunfo.

Pero Pablo lo era, porque a pesar de las circunstancias, su tranquilidad estaba en Dios, y Él le daba paz. Por eso era un ganador. Porque ninguna situación le hacía perder su paz interior. Nada le hacía dudar de Dios, nada minaba su confianza, su fe era total. Estaba seguro en Dios.

Los ganadores dominan las circunstancias. No importa cual sea la situación que te toque vivir, sino tu actitud frente a ella.

REFLEXIÓN — En Cristo podés tener éxito.