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10 de Septiembre – Meta

“No quiero decir que ya lo haya conseguido todo, ni que ya sea perfecto, pero sigo adelante con la esperanza de alcanzarlo, puesto que Cristo Jesús me alcanzo primero.” Filipenses 3:12

Meta

A nadie le gusta quedarse en el camino. A nadie le gusta perder. Argentina está jugando muy mal y peligra su clasificación para el mundial de Sudáfrica del 2010. Después de la derrota frente a Brasil y Paraguay, las dudas crecen. Pero al menos todavía estamos en carrera

Lo peor de la derrota es el sentimiento interno. Es esa frustración por el logró no alcanzado. Esto es peor cuando abandonamos el juego. Podemos perder y si dimos todo para ganar pero salió mal, aunque duele, es más soportable. Pero abandonar en mitad del juego es más doloroso. Bajar los brazos en mitad del combate y tirar la toalla es más humillante. Es más complicado de asimilar.

Pablo sabía esto de la competencia y el esfuerzo. En Corinto y en Atenas, se hacían regularmente los juegos y cada atleta se esforzaba al máximo para lograr el triunfo. Era una cuestión de honor terminar la carrera, nadie abandonaba.

A Pablo siempre le gustó esta figura del atleta para compararla con la vida cristiana y aquí, tiene en mente justamente ese momento de la carrera. La tribuna mirando en silencio, los corredores poniendo el máximo de su esfuerzo para lograr la punta, la pista vacía, los jueces mirando.

Él también tiene una carrera para correr. La gloriosa carrera de la vida cristiana. Tal vez no haya tribunas ni pistas, pero se requiere el máximo esfuerzo para correrla. Y él estaba dispuesto a hacerlo.

Hoy pasaron ya dos mil años, y parece que el fuego olímpico de la vida cristiana está apagado. Hoy bajamos los brazos y abandonamos la carrera antes de empezar a transpirar la camiseta. Hoy somos cristianos del abandono, de la comodidad, del conformismo, de todo está bien en tanto y en cuanto no me pidan nada.

Y nos olvidamos el motivo por el cual debemos correr esta carrera. No es por el premio, no es por la tribuna que alienta o por los jueces que miran. Debemos correr y hacerlo bien, porque para que nosotros podamos correr esta carrera, Jesucristo murió.

El ingreso al estadio, lo pagó Jesucristo con su sangre. Solo por eso, no solo debemos correr, sino que debemos hacerlo bien.

REFLEXIÓN – Abandono es traición. Alcanzá la meta con gloria.